Autora: Guerrero Islas Rebeca

La comunicación es una parte inherente de la vida del humano debido a su carácter como ser social. La relación que existe entre los individuos un determinado grupo (llámese sociedad, comunidad, pueblo, etc.) se produce a través de diversos códigos establecidos que les permiten entender sus acciones y pensamientos entre si. Los medios por los que se desarrolla dicha comunicación han variado a lo largo de la historia, desde señas, gruñidos, imágenes hasta desarrolla lenguajes complejos articulados, sin embargo, todos ellos responden a códigos convenidos socialmente que adquieren significación para ese grupo. En este sentido podemos encontrar similitud con la primera definición de semiología aportada por Guiraud “La semiología es la ciencia que estudia los sistemas de signos: lenguas, códigos, señalaciones, etc.” (Guiraud. P. 1972, p. 7). Aunque el autor concede un carácter especial para el lenguaje, que finalmente tiene un propio campo de estudio conocido como lingüística, por lo que al final la semiología sería el estudio de los sistemas de signos no lingüísticos.

Eco señala que los procesos sociales de significación y comunicación están presentes en el conjunto de la vida humana, y todos ellos constituyen lo que define como cultura, por lo que el conjunto de la vida social puede verse como un proceso semiótico.

Photography: Manuel Mager

Aunque se tiende a entender a la semiología como un sinónimo de la semiótica, Guiraud hace una diferenciación que me parece por completo pertinente, en tanto que la primera aborda el estudio de los signos con respecto a una función social de comunicación, mientras que la segunda aborda la forma e importancia que cobran los signos en el proceso del conocimiento humano. Sin embargo, ambas refieren a la interacción del hombre con su entorno. Como consecuencia, siendo el hombre un ser social y que dentro de su interacción con otros humanos y con su medio ambiente en general necesita la comunicación (dada a través de signos), los signos cumplen también con diversas funciones comunicativas, “La función del signo consiste en comunicar ideas por medio de mensajes” (Guiraud. P. 1972, p. 11).

Las funciones de la comuicación

Las funciones de la comunicación que Guiraud retoma de Roman Jakobson se relacionan al medio por el que es transmitido el mensaje, aunque también tiene que ver con la relación del emisor con el receptor y con la del emisor con el mensaje mismo. Se clasifican seis funciones diferentes.

La primera de ellas es la función referencial que tiene que ver con la relación entre el mensaje y el objeto al que hace referencia, es decir, entre el referente en la realidad y lo que se dice de él. Esta función tiene que ver más con describir al referente, con entenderlo de una forma objetiva, más que con interpretarlo. Un signo pictórico que cumpla esa función tendría que reproducir una gran cantidad de propiedades del referente; un ejemplo sería la fotografía científica que busca retratar lo más fielmente posible al objeto para hacer referencia a él.

Contrario a ésta, la función emotiva tiene un carácter expresivo, busca dotar de nuevos significados al signo que tienen que ver más con el emisor que con el referente mismo. Si contrastáramos ambas funciones podríamos notar un cambio en el discurso. Para ejemplificar esta diferenciación tomaremos el caso de la explosión de los ductos de Pemex en el poblado de Tlahuelilpan. Si bien es cierto que muchas fuentes buscaron tratar del tema de una forma lo más objetiva posible, también es verdad que hubo un gran manejo de la información y un entendido colectivo acerca de la culpabilidad de los propios afectados en los hechos. A través de las imágenes se puede dar cuenta de la diferenciación del discurso y el uso de dos diferentes funciones comunicativas.

En ambas imágenes se hace referencia a la explosión de los ductos, sin embargo, en la primera se retrata la situación sin gran lugar a interpretaciones o cargas del emisor, mientras que en la segunda imagen, ni siquiera se muestra el suceso en sí, pero debido a la carga emotiva de condena a los pobladores de Tlahuelilpan el mensaje se vuelve completamente comprensible.

La siguiente función mencionada es la connotativa o conminativa que se centra en la otra mitad del proceso comunicativo, es decir, la del mensaje con el receptor. Esta función tiene una gran relación con las dos anteriores, debido a que el receptor variará su actitud frente al mensaje dependiendo de la naturaleza del éste. Si seguimos con el ejemplo de  Tlahuelilpan, la imagen referencial se utilizó para dotar de contenido gráfico a una nota periodística que pretendía describir el fenómeno, contrario a la segunda que busca estimular actitudes sentimentales o viscerales en el receptor para que actúe de una determinada forma. Una de las principales consecuencias de la campaña de odio contra los presuntos huachicoleros de Tlahuelilpan expresada a través de la creación anónima de memes, fue el apoyo masivo de la población a las políticas del gobierno federal en materia energética.

Otra función mencionada y que es interesante en tanto que se trata de la relación del mensaje consigo mismo es la función poética. Guiraud la caracteriza como “la función estética por excelencia: en las artes, el referente es el mensaje que deja de ser el instrumento de la comunicación para convertirse en su objeto.” (Guiraud. P. 1972, p. 13). Ésta tiene que ver con la obra cuyo significado deja de referir al de su referente para adquirir uno nuevo. Por ejemplo, el artista mexicano Gabriel Orozco expuso una caja de zapatos vacía en la Bienal de Venecia de 1993, con la intención de exhibir un objeto trivial que ha sido descontextualizado y puesto en una galería de arte, cobrando un nuevo significado totalmente alejado del anterior.

En quinto lugar se enlista la función fática que se enfoca en el flujo de la comunicación, en los elementos que permiten que fluya, se prolongue o se detenga . Un ejemplo claro es la utilización del argot propio de un determinado grupo, permitiendo la fluidez de la comunicación al interior, mientras que aquél que se encuentra ajeno al grupo se ve excluido. Muchos grupos de corte revolucionario utilizan un argot específico que los identifica y los hermana, de tal manera que escuchar palabras como “camarada”, “revisionismo”, “lumpen”, etc. es común al interior definiendo relaciones específicas, posiciones políticas, o clasificaciones especiales que en el lenguaje coloquial no son comunes.

Por último, la función metalingüística “remite el signo al código del cual extrae su significación” (Guiraud. P. 1972, p. 15). Dicha función provee de los elementos necesarios para que el signo sea comprendido por el receptor. Las razones por las cuales un mensaje puede no ser comprendido por el receptor se relacionan con los códigos utilizados, si el código no es lo suficientemente claro o no es familiar para el receptor, el mensaje no podrá ser transmitido. Si regresamos al ejemplo de la caja de zapatos, el mensaje es tan poco claro que puede no ser entendido, por lo que es necesario dotarlo de elementos extras para que sea comprendido; en primer lugar la caja se encuentra exhibida en una galería de arte, lo que le proporciona (según los cánones del arte contemporáneo) el estátus de obra de arte, además, la mayoría de las obras poseen una ficha técnica que facilita más información al receptor. Finalmente, la obra se encuentra contextualizada por una corriente artística conceptual que en diversas ocasiones ha descontextualizado diversos objetos comunes para dotarlos de un nuevo significado. Todos los elementos aportados generan la comprensión del código del mensaje.

El Mensaje

Anteriormente se habló acerca de las funciones de la comunicación y como estas juegan un papel fundamental en la dinámica que se producirá en el proceso comunicativo, sin embargo, Guiraud continúa al plantear que todas estas funciones conviven y “se las encuentra mezcladas en diversas proporciones en un mismo mensaje” (Guiraud. P. 1972, p. 16). En este sentido se entiende a la comunicación como un proceso humano complejo y comprendido por múltiples aristas del pensamiento. Puede entenderse como una relación dialéctica entre las funciones del lenguaje, dando como resultado un mensaje que tiene diversas capas de interpretación.

Guiraud plantea la convivencia entre la función referencial y la función emotiva, como los dos polos de la comunicación, como dos contrarios que al mismo tiempo fungen como complementos de un mismo mensaje, esto es en el sentido estricto una relación dialéctica de unidad y lucha de contrarios, entendiendo esta contradicción como la relación de dos fuerzas opuestas que se encuentran tirando la una a la otra y que en este proceso generan continuos procesos de transformación: 

“Si ya el simple movimiento mecánico local contiene en sí una contradicción, aún más puede ello afirmarse de las formas superiores del movimiento de la materia, y muy especialmente de la vida orgánica y su evolución. Hemos visto antes que la vida consiste precisamente ante todo en que un ser es en cada momento el mismo y otro diverso. La vida, por tanto, es también una contradicción que se pone y resuelve constantemente; y en cuanto cesa la contracción, cesa también la vida y se produce la muerte. También vimos que tampoco en el terreno del pensamiento podemos evitar las contracciones, y que, por ejemplo, la contracción entre la capacidad de conocimiento humana, internamente ilimitada, y su existencia real en hombres externamente limitados y de conocimiento limitado, se resuelve en la sucesión, prácticamente infinita al menos para nosotros, de las generaciones, en el progreso indefinido.” (Engels. F. 2014, p. 187).

En este sentido, se puede explicar que diferentes funciones se encuentren conviviendo en un mismo mensaje y que al mismo tiempo el antagonismo de éstas permita darle más profundidad. Cuando se transmite una noticia, por ejemplo, el mensaje cumple una función referencial en tanto que se proporciona la información descriptiva de un suceso en específico, sin embargo, también se encuentra presente la función emotiva, en tanto que la información se encuentra segmentada y seleccionada de cierta manera que corresponde a los juicios subjetivos de las personas que se encargan de elaborar la nota. Además se puede encontrar la función conmitativa, debido a que la nota emitida llegará a un público objetivo bastante definido y causará una reacción premeditada con anterioridad por la cadena del noticiero. Las audiencias definieron la orientación de la nota y al mismo tiempo la nota refuerza la carga ideológica de las audiencias en un constante “estira y afloja”.

Otro elemento importante a destacar es el posible origen de la función emotiva, de la experiencia subjetiva, que finalmente se define en gran medida por condiciones objetivas del medio ambiente, aprehendidas por el individuo, moldeando su pensamiento y sus acciones. Somos, en cierta medida, producto de las condiciones materiales que nos han rodeado durante toda la vida. Por lo que los juicios subjetivos que se tienen frente a una nota periodística están totalmente influenciados por las condiciones objetivas del medio. Si seguimos sobre este hilo, lograr la objetividad es practimente imposible, en tanto que, consciente o inconscientemente los mensajes que emitidos llevan consigo una carga subjetiva propia del emisor; ésta puede ser evidente, como es el caso del arte, donde el juicio del artista es el centro, o puede ser más sutil, como en el caso de las investigaciones científicas, donde a pesar de todo, contiene un elemento subjetivo que puede funcional incluso como motor del investigador.

De la misma forma, el receptor puede llevar a cabo la interpretación de un mensaje de diferentes formas. Según Guiraud, “la atención, tal como acabamos de definirla, mide el interés del receptor por el referente, objeto del mensaje: interés del orden intelectual que tiene su origen en el placer que encuentra en interpretarlo reconstruyéndolo.” (Guiraud. P. 1972, p. 22). Es decir, que existe un interés por interpretar la información, lo que puede llevar a una aprehensión hasta cierto punto objetiva del mensaje, en tanto que el receptor busca conocer el fenómeno. Si se pusiera como ejemplo un diplomado de Derechos Humanos centrado en el tema de la tortura, existen un primer tipo de asistentes, curiosos por el fenómeno, que asistirán debido a un interés por entender qué es la tortura, en qué contexto ocurre la tortura, por qué ocurre la tortura, cuáles son los motivos que llevan a ella, etc. las motivaciones de esta audiencia pueden ser variados, sin embargo, es un común denominador el espíritu de conocimiento y aprehensión científica. El segundo tipo de asistentes son activistas que más allá de estar interesados por el tema de la tortura, están ahí como participación en una forma de protesta o de crítica social, como una actividad propia del grupo social al que pertenecen. La información sobre la tortura no es lo fundamental, sino que el hecho mismo de hablar sobre tortura es una forma de crítica hacia el hecho, es un reconocimiento de que ocurre y que debe frenarse, es un acto contestatario, por lo que este grupo, en este caso de activistas, se adhiere como un acto de militancia política de izquierda. 

De este acto de comunión afectiva se pasa, nos dice Guiraud, a la colaboración afectiva, a la práctica. En el caso de los activistas del diplomado sobre tortura, es probable que la mayoría se encuentren adheridos a algún grupo de izquierda. La información aprehendida será transformada en propaganda, en agitación, en manifestaciones y en denuncia pública sobre la práctica de la tortura. También puede darse el caso, de que alguien que originalmente se encuentra en un acto de interés de orden intelectual, termine volcándose al interés puramente afectivo, llevándolo a la colaboración práctica. Si por ejemplo, el individuo se viera conmovido por el contenido del diplomado, puede verse motivado a accionar en contra de la tortura, a tomar un papel subjetivo y por lo tanto activo en el tema.

Conclusiones

En resumen, la subjetividad y objetividad polos que se encuentran en constante contradicción y que se motivan mutuamente generando un avance en el conocimiento y en el accionar humano.

Bibliografía

    • Engels, F. (2014). Anti-Dühring. La revolución de la ciencia por el señor Eugen Dühring (Ed. rev.). Madrid, España: Fundación Federico Engels. 

    • Guiraud, P. (2011). La semiología (Ed. rev.). Recuperado de https://mariainescarvajal.files.wordpress.com/2011/03/la-semiologc3ada.pdf

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